I+D y formulación

Del laboratorio al lote. Cómo se construye una solución antes de llegar al productor

Escuchar, desarrollar, formular, validar y volver al campo. El recorrido que hace una solución de INNOQUIM antes de llegar a una recomendación.

Equipo técnico Innoquim · · 5 min de lectura

Planta de formulación de Innoquim en Villa del Rosario, Córdoba

Cuando un producto llega al campo, buena parte del trabajo que hubo detrás ya quedó fuera de escena.

El productor recibe una recomendación, incorpora una tecnología a su manejo y evalúa cómo responde en sus condiciones. Sin embargo, antes de ese momento hubo observación, desarrollo, pruebas, formulación, producción y decisiones tomadas por distintas personas.

En INNOQUIM ese recorrido forma parte de una manera de entender la innovación agrícola. Las soluciones no deberían surgir únicamente de la posibilidad de fabricar algo nuevo. Necesitan partir de problemas que existen en el campo y terminar demostrando que tienen sentido allí.

Ese camino conecta laboratorio, desarrollo, producción, conocimiento agronómico y validación a campo.

Escuchar antes de desarrollar

Muchos desarrollos empiezan bastante lejos de una mesada de laboratorio.

Aparecen durante una recorrida, en una conversación con un productor, en la experiencia de un asesor o frente a una dificultad que se repite campaña tras campaña.

Una aplicación que podría funcionar mejor. Una mezcla que genera problemas. Un cultivo que necesita otra respuesta. Una práctica que resulta poco eficiente. Una necesidad para la que las herramientas disponibles todavía dejan espacio de mejora.

Escuchar esas señales ayuda a definir qué vale la pena investigar.

Ahí comienza el trabajo de INQLAB.

Su función dentro del ecosistema INQ es generar conocimiento y convertir una necesidad detectada en una línea concreta de desarrollo. Investigar implica formular preguntas, analizar alternativas y comprobar qué posibilidades tienen verdadero potencial antes de avanzar.

No todas las ideas terminan convirtiéndose en una solución comercial. Ese filtro también forma parte del proceso.

Una formulación tiene que funcionar fuera del laboratorio

Superada esa primera etapa comienza otro desafío.

Lo desarrollado tiene que transformarse en una herramienta que pueda utilizarse en condiciones productivas reales. Debe ser estable, compatible con el manejo previsto, fácil de incorporar y capaz de responder de forma consistente.

Dentro de esa instancia aparecen INQBIO e INQPRO.

INQBIO concentra el trabajo vinculado con soluciones biológicas y microorganismos aplicados a la producción agrícola. INQPRO reúne tecnologías orientadas a mejorar precisión, formulaciones, aplicaciones y diferentes procesos productivos.

Los caminos tecnológicos son distintos. El criterio que los une es bastante concreto. Una solución necesita resolver una necesidad del usuario y poder integrarse al manejo cotidiano del cultivo.

Por eso la formulación importa tanto como el concepto que le dio origen.

Una innovación difícil de utilizar, poco compatible con la operación habitual o alejada de las condiciones reales del productor encuentra rápidamente sus límites.

Entre desarrollar y recomendar hay otra tarea

Tener una solución disponible tampoco alcanza.

Hay que entender dónde tiene sentido utilizarla.

Las tecnologías agrícolas funcionan dentro de sistemas complejos. Cambian los ambientes, los cultivos, las fechas, la calidad del agua, las condiciones climáticas, los planteos productivos y las decisiones que toma cada empresa.

Ese contexto obliga a traducir el conocimiento generado durante el desarrollo a situaciones concretas de manejo.

INQTEC ocupa ese espacio.

Su trabajo permite conectar las características de una tecnología con la decisión agronómica. Saber qué hace un producto es importante, aunque para quien tiene que utilizarlo resulta todavía más útil comprender cuándo incorporarlo, qué variables observar y cómo integrarlo dentro de su estrategia.

La diferencia parece pequeña, pero modifica por completo la relación con la tecnología.

Una ficha técnica informa.

El criterio ayuda a decidir.

El campo pone todo en contexto

Finalmente llega la instancia que ningún desarrollo agrícola puede evitar.

El lote.

Las condiciones reales tienen una capacidad enorme para poner en perspectiva aquello que se diseñó previamente.

El comportamiento de un cultivo, la interacción con el ambiente, las condiciones de aplicación y las decisiones realizadas durante la campaña permiten observar cómo responde una solución fuera de los escenarios controlados.

INQCAMPO nace alrededor de esa lógica.

Seguimiento, evaluación, ensayos y acompañamiento permiten contrastar el desarrollo con situaciones productivas concretas. También generan información que puede volver hacia las otras áreas de la empresa.

Ese retorno es importante porque el campo no funciona únicamente como último eslabón del recorrido.

También puede convertirse nuevamente en el primero.

Una observación realizada durante una aplicación, una respuesta diferente a la esperada o una nueva necesidad detectada por un productor pueden abrir otra pregunta y llevar nuevamente el proceso hacia investigación y desarrollo.

Un recorrido que vuelve a empezar

Mirado de esta manera, el camino entre laboratorio y lote no tiene una dirección única.

Hay información que sale del campo hacia el laboratorio y desarrollos que hacen el recorrido contrario. Entre ambos aparecen personas que producen, formulan, prueban, interpretan, recomiendan y acompañan.

Ese movimiento explica mejor el concepto de ecosistema que la simple suma de distintas unidades de negocio.

  • INQLAB genera conocimiento.
  • INQBIO e INQPRO transforman ese conocimiento en soluciones.
  • INQTEC ayuda a convertirlo en criterio agronómico.
  • INQCAMPO lo lleva nuevamente al terreno y permite observar qué ocurre en condiciones reales.

Cada instancia cumple una función diferente, aunque el valor aparece cuando consiguen trabajar conectadas.

Hay una parte del producto que no entra en el envase

Cuando una tecnología llega al productor resulta fácil concentrar toda la atención en la formulación.

Pero detrás también hay experiencia, conocimiento, procesos, controles y personas.

Está quien detectó el problema en el lote. Quien participó del desarrollo. Quien produjo. Quien realizó las pruebas. Quien evaluó cómo integrarlo a un manejo. Quien acompañó la aplicación y volvió después para observar el resultado.

Esa parte pocas veces aparece en una etiqueta y, sin embargo, influye en la confianza que genera una empresa.

Para INNOQUIM, conectar esas capacidades permite construir una relación diferente con el productor y con el asesor. Una relación donde el producto forma parte de una propuesta más amplia basada en conocimiento, acompañamiento y capacidad de respuesta.

El recorrido entre laboratorio y lote ayuda a entender esa forma de trabajar.

Una necesidad aparece en el campo, se transforma en una pregunta, pasa por investigación y desarrollo, toma forma como solución y vuelve al lugar donde comenzó.

Al lote. Y es allí donde finalmente tiene que demostrar para qué fue creada.

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