Nutrición y fisiología vegetal
Bacillus velezensis y disponibilidad de nutrientes. Qué sabemos realmente
Equipo técnico Innoquim · · 11 min de lectura
Hablar de microorganismos y nutrición vegetal exige cierta precisión.
En los últimos años se volvió frecuente encontrar expresiones como solubilización de nutrientes, movilización de fósforo, mayor disponibilidad de hierro o mejor aprovechamiento de la fertilización. Son conceptos válidos, aunque muchas veces terminan agrupados bajo una idea demasiado amplia que puede llevar a interpretaciones equivocadas.
Bacillus velezensis puede intervenir en procesos que modifican la disponibilidad y el aprovechamiento de determinados nutrientes en la rizosfera. Eso no significa que reemplace automáticamente a la fertilización ni que todas las cepas produzcan los mismos efectos.
La diferencia importa.
La literatura científica muestra mecanismos concretos vinculados con fósforo, hierro y, en determinadas cepas, potasio. También describe cambios en el sistema radicular capaces de modificar la capacidad de exploración del suelo. Al mismo tiempo, deja bastante claro que el resultado depende de la cepa, del ambiente, de la condición nutricional del suelo y de la capacidad de la bacteria para establecerse alrededor de la raíz.
Ese es el punto desde el que conviene analizar el papel de Bacillus velezensis en nutrición.
Disponibilidad no significa aporte
Una bacteria benéfica aplicada al suelo o a la semilla no funciona como un fertilizante convencional.
En una fertilización incorporamos una determinada cantidad de nutrientes al sistema. Con una bacteria promotora del crecimiento, el planteo es diferente.
Parte del interés está en su capacidad para actuar sobre nutrientes que ya se encuentran en el suelo pero que, por distintas razones químicas o biológicas, no están fácilmente disponibles para la planta.
Esto ocurre especialmente con elementos como el fósforo.
Los suelos pueden contener cantidades importantes de fósforo total y, aun así, presentar una fracción relativamente pequeña disponible para la absorción inmediata. Parte queda retenida en compuestos minerales y otra parte forma moléculas orgánicas como el fitato.
Ahí aparece una de las posibles intervenciones microbianas.
Algunas cepas de Bacillus producen ácidos orgánicos o enzimas capaces de transformar fracciones poco disponibles del fósforo y aumentar localmente su solubilidad.
La palabra clave es localmente.
Gran parte de esta actividad ocurre en la rizosfera, muy cerca de donde la raíz necesita encontrar el nutriente.
El fósforo es uno de los mecanismos mejor estudiados
Dentro de Bacillus velezensis existen cepas con capacidad comprobada para intervenir sobre distintas formas de fósforo.
Uno de los mecanismos estudiados es la producción de fitasas.
Estas enzimas degradan fitato, una forma orgánica de fósforo que las plantas no siempre pueden aprovechar directamente. La cepa FZB45 de B. velezensis ha mostrado capacidad para producir una fitasa extracelular capaz de movilizar parte de ese fósforo. En ensayos experimentales, la actividad de esta enzima también favoreció el crecimiento de plantas de maíz bajo limitación de fósforo.
Otras cepas actúan mediante la acidificación del medio.
Bacillus velezensis B25, por ejemplo, mostró en condiciones de laboratorio capacidad para aumentar la fracción soluble de fósforo en un medio con fosfato poco disponible. Los autores relacionaron esa respuesta con cambios de pH asociados al metabolismo bacteriano.
Un estudio más reciente en maíz cultivado sobre un suelo rojo ácido y pobre en fósforo evaluó una cepa de B. velezensis utilizada como bacteria solubilizadora. Los resultados mostraron modificaciones en las fracciones de fósforo del suelo y en la absorción por el cultivo bajo las condiciones experimentales utilizadas.
Son evidencias interesantes.
Pero pertenecen a cepas, suelos y diseños experimentales concretos.
No permiten afirmar que cualquier Bacillus velezensis vaya a movilizar la misma cantidad de fósforo en cualquier lote.
El hierro plantea una dinámica diferente
El hierro también puede estar presente en el suelo y resultar poco accesible biológicamente.
En suelos neutros o alcalinos, gran parte aparece en formas de muy baja solubilidad. Microorganismos, raíces y patógenos terminan compitiendo por un recurso cuya disponibilidad puede ser limitada.
Algunas cepas de B. velezensis producen sideróforos, moléculas con gran afinidad por el hierro férrico.
Entre ellas se encuentra la bacillibactina.
Su función primaria permite a la bacteria captar hierro y competir mejor dentro de la rizosfera. Sin embargo, investigaciones recientes muestran que la relación con la nutrición vegetal puede ser más compleja.
Un trabajo publicado en 2025 con la cepa SQR9 encontró que los biofilms formados sobre la raíz podían acumular hierro y funcionar como reservorios. La bacillibactina participó en la incorporación de ese hierro a la matriz y también estimuló mecanismos vegetales relacionados con su adquisición.
Otros estudios con esa misma cepa detectaron que determinados compuestos volátiles podían activar rutas de absorción de hierro en Arabidopsis cuando las plantas crecían bajo deficiencia.
La evidencia abre una línea interesante.
Bacillus no necesariamente actúa sobre la nutrición mediante un único mecanismo. Puede modificar el entorno químico de la raíz, producir compuestos quelantes y también influir sobre respuestas fisiológicas de la propia planta.
También hay referencias sobre potasio
El potasio representa otro caso donde se ha observado actividad de movilización en determinadas bacterias promotoras del crecimiento.
Revisiones recientes describen cepas de B. velezensis capaces de liberar ácidos orgánicos y exopolisacáridos asociados con la movilización de formas minerales poco solubles de potasio.
En 2024 también se publicó un trabajo experimental donde B. velezensis consiguió movilizar fósforo y potasio a partir de un material mineral utilizado como sustrato.
De nuevo aparece la misma precaución.
Demostrar que una cepa posee ese metabolismo no equivale a demostrar una respuesta agronómica consistente en diferentes suelos agrícolas.
Los procesos de solubilización dependen de la mineralogía, el pH, la materia orgánica, la humedad, la concentración del nutriente y la comunidad microbiana que ya existe en el suelo.
Hay otra vía que muchas veces pasa desapercibida
La disponibilidad de nutrientes no depende solamente de cuánto nutriente hay alrededor de la raíz.
También depende de cuánta raíz existe para encontrarlo.
Algunas cepas de B. velezensis producen ácido indolacético y otros metabolitos capaces de modificar la arquitectura radicular. La formación de raíces laterales, pelos radicales y una mayor superficie exploratoria puede ampliar el volumen de suelo que la planta utiliza para captar agua y nutrientes.
Este mecanismo es diferente de la solubilización.
La bacteria puede favorecer el aprovechamiento nutricional aun cuando no transforme químicamente un nutriente específico, simplemente porque modifica la interfaz entre la raíz y el suelo.
Agronómicamente, esa diferencia es relevante.
Una mayor absorción observada en una planta inoculada podría deberse a mayor disponibilidad química, a mayor exploración radicular o a una combinación de ambos procesos.
Por eso conviene evitar explicaciones únicas cuando se analizan respuestas de microorganismos promotores del crecimiento.
Bacillus velezensis no fija nitrógeno atmosférico
Este punto merece una aclaración especial.
Bacillus velezensis no debería presentarse como una bacteria fijadora de nitrógeno.
La revisión más reciente sobre la especie señala que B. velezensis no posee un sistema propio para fijar nitrógeno atmosférico. Algunas cepas sí pueden modificar la expresión de sistemas vegetales relacionados con la absorción de nitrato y amonio o influir indirectamente sobre el metabolismo nitrogenado.
Son fenómenos distintos.
Fijar N₂ atmosférico implica convertir ese nitrógeno en formas biológicamente utilizables mediante un sistema enzimático específico. Eso es lo que ocurre, por ejemplo, en la simbiosis entre Bradyrhizobium y soja.
Favorecer la absorción de nitrógeno mineral ya existente en el suelo pertenece a otro mecanismo.
Mantener esa distinción mejora mucho la calidad técnica de la comunicación sobre bioinsumos.
La colonización sigue siendo el primer filtro
Todos estos mecanismos dependen de una condición previa.
La bacteria necesita llegar a la rizosfera y establecerse.
Una cepa con capacidad para producir sideróforos, fitasas o compuestos promotores del crecimiento tendrá poco efecto agronómico si no logra sobrevivir, colonizar la raíz y mantener actividad suficiente durante el período donde esos mecanismos resultan relevantes.
Bacillus velezensis presenta ventajas biológicas interesantes para esa etapa. Puede formar endosporas y diferentes cepas han demostrado capacidad para producir biofilms sobre superficies radiculares. El biofilm ayuda a mantener poblaciones asociadas a la raíz y facilita interacciones más sostenidas con el entorno.
Por eso nutrición y colonización no deberían tratarse como capítulos separados.
Primero hay que establecer el microorganismo. Después pueden expresarse sus funciones.
El suelo determina cuánto espacio existe para intervenir
La respuesta tampoco será igual en un suelo con alta disponibilidad de un nutriente que en otro donde existe una limitación marcada.
En condiciones de deficiencia, un mecanismo capaz de movilizar una fracción poco disponible puede tener mayor impacto relativo. Cuando el nutriente ya está en concentraciones suficientes, esa misma intervención puede resultar agronómicamente menos relevante.
El estudio reciente sobre hierro con B. velezensis SQR9 mostró algo interesante en este sentido. Los compuestos volátiles de la bacteria incrementaron fuertemente la adquisición de hierro cuando las plantas se encontraban bajo deficiencia, mientras que el efecto sobre el contenido de hierro fue mucho menor cuando el elemento estaba disponible normalmente.
- Ese comportamiento recuerda una regla básica de nutrición vegetal.
- Un microorganismo no elimina las limitaciones del ambiente.
- Interactúa con ellas.
La respuesta final dependerá de la fertilidad del suelo, su pH, la disponibilidad de agua, la temperatura, el cultivo y el manejo nutricional existente.
Especie y cepa tampoco significan lo mismo
Bacillus velezensis es una especie.
Dentro de ella existen numerosas cepas con diferencias genéticas y funcionales.
Una puede destacar por su capacidad para solubilizar fósforo. Otra puede producir sideróforos con mayor intensidad. Otra puede colonizar mejor determinada raíz o sintetizar metabolitos diferentes.
Incluso dentro de una misma especie se observan variaciones importantes en producción de ácido indolacético, formación de biofilm y síntesis de sideróforos.
Por eso el calendario técnico de INNOQUIM establece una regla editorial que resulta especialmente importante para este artículo.
La evidencia de Bacillus velezensis como especie, la evidencia de una cepa determinada y los resultados de un producto comercial deben comunicarse por separado.
Es una diferencia metodológica, pero también comercial.
Evita transformar un mecanismo publicado para SQR9, FZB45 o B25 en una propiedad automáticamente atribuible a otra cepa.
Qué podemos decir hoy sobre INQ BACUM
INQ BACUM está formulado con Bacillus velezensis cepa MN1. La documentación actual de INNOQUIM lo posiciona como un inoculante microbiano orientado a semillas y al entorno radicular, con foco en actividad de la rizosfera, desarrollo de raíces, implantación y aprovechamiento de nutrientes.
El material también comunica que la cepa MN1 contribuye a la disponibilidad y aprovechamiento de nutrientes.
Hasta aquí llega la evidencia documental disponible que podemos atribuir directamente al producto.
El propio plan técnico de INNOQUIM identifica todavía datos que deben completarse para elevar el nivel de demostración específica de MN1. Entre ellos aparecen concentración microbiológica, compatibilidades, mecanismos demostrados en la cepa y ensayos propios del producto.
Por eso no sería correcto afirmar hoy que MN1 solubiliza una determinada cantidad de fósforo, produce un nivel concreto de sideróforos o mejora la absorción de hierro en un porcentaje definido si esos datos específicos todavía no fueron documentados.
La literatura de B. velezensis ayuda a explicar por qué estos mecanismos son biológicamente plausibles.
La evidencia propia deberá definir cuáles de ellos corresponden a MN1 y qué magnitud alcanzan bajo condiciones agronómicas concretas.
Qué debería medirse a campo
Si queremos demostrar una contribución real sobre nutrición, medir únicamente biomasa o rendimiento deja demasiadas preguntas abiertas.
Una planta puede crecer más por múltiples razones.
Sería más informativo combinar variables de suelo, raíz y planta.
Por ejemplo, analizar fósforo disponible antes y después del tratamiento, concentración de nutrientes en tejido, arquitectura radicular, biomasa, absorción total y respuesta frente a diferentes niveles de fertilidad permitiría empezar a separar los mecanismos.
También tendría valor comparar ambientes con distinta disponibilidad inicial de nutrientes.
Si la hipótesis es que la bacteria mejora el aprovechamiento de una fracción poco disponible, la respuesta debería interpretarse junto con el diagnóstico químico del suelo.
Ese tipo de ensayo permite pasar de una observación general de crecimiento a una explicación agronómica más sólida.
Qué sabemos realmente
Sabemos que determinadas cepas de Bacillus velezensis pueden intervenir sobre la disponibilidad de nutrientes mediante varios mecanismos.
Hay evidencia de solubilización de fósforo, actividad de fitasas, producción de sideróforos, movilización de potasio y modificaciones en la arquitectura radicular. También existen trabajos recientes que muestran interacciones mucho más sofisticadas entre biofilms bacterianos, hierro y mecanismos de absorción de la planta.
También sabemos que esas capacidades no deben extrapolarse automáticamente de una cepa a otra.
Y sabemos algo todavía más importante desde el manejo.
Un microorganismo no crea fertilidad donde no la hay.
Puede intervenir sobre procesos que modifican la disponibilidad, la exploración y el aprovechamiento de recursos existentes. Su aporte dependerá de que consiga establecerse y de que el ambiente tenga una limitación sobre la cual ese mecanismo pueda expresarse.
Ahí está probablemente la manera más precisa de entender el concepto de nutrición biológica.
No como reemplazo automático del fertilizante.
Sino como una intervención sobre la relación entre microorganismo, raíz, suelo y nutriente.
Para INQ BACUM, el próximo paso técnico es convertir esa base científica en evidencia específica de Bacillus velezensis MN1, midiendo qué mecanismos expresa la cepa y cómo se traducen bajo condiciones reales de producción.
Ese es el punto donde una explicación microbiológica empieza a transformarse en una recomendación agronómica.
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